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06/07/2012

Panfleto o pelambre


 
  Javier Fuenzalida A., Profesor Universidad Finis Terrae
 
 
 

La comisión investigadora del parlamento sobre la educación superior no investigó sino que, como los pelambres, escuchó opiniones, pareceres y denuncias sin fundamentos y escribió un panfleto.

Según la RAE, panfleto es un escrito de carácter político. Pelambre, acepción no registrada por la RAE, son comentarios maliciosos, sin pruebas, sobre un tercero. Eso es lo que caracteriza el análisis del lucro que hace la comisión investigadora del parlamento sobre la educación superior. No investigó sino que, como los pelambres, escuchó opiniones, pareceres y denuncias sin fundamentos y escribió un panfleto.

Si hubiera sido un juicio, lo habrían perdido porque no hubo pruebas sobre la existencia del lucro o no son sustantivas, pertinentes, ni controvertidas. Es más, los estados financieros de las universidades privadas, preparado por el propio parlamento, señalan que “no permiten comprobar ni rechazar la hipótesis sobre el eventual lucro en las universidades privadas” (pag 312) y que en las universidades del Cruch 15 de las 22 universidades arrojan utilidades y 14 operan entes relacionados lucrativos. (esta última parte del informe fue exluída del texto principal).

Si hubiera sido una investigación objetiva, académica, habría habido una hipótesis - el lucro en desmedro de la calidad –, una investigación empírica para concluir aceptándola o rechazándola. Aquí no lo hubo a pesar de las 25 sesiones, 70 invitados y 477 páginas del informe. Se gastan millones en asesores que deben informar a los diputados que al parecer no los consultaron.

Es más, ningún académico fue invitado a exponer, presumiblemente porque algunas investigaciones demuestran que la calidad de la educación superior no se relaciona con el lucro. En lugar de ello se invitó a mucho funcionario público, una periodista, estudiantes, personas ideologizados y algunos rectores. No hay que sorprenderse que este tipo de “trabajo parlamentario” contribuye a que el nivel de rechazo a ese estamento se acerca al 80%.

Ante la evidencia de lucro en las universidades estatales, la comisión optó por redefinirlo y en una pirueta lingüística decide que lucro es sólo la parte de la utilidad que se reparte a los controladores bajo la forma de altos arriendos, externalización de servicios y remuneraciones exageradas (la negativa del rector de la Universidad de Chile a publicitar las remuneraciones de los académicos sería una modalidad según esta comisión).

La periodista invitada (¿tendrá competencia en este campo?), declaró que el único interés del capital por participar en una universidad es apoderarse del lucro. Más aún, sostuvo que, en su ausencia, algunas universidades están por el “negocio ideológico”. Las universidades confesionales negocian con la fe porque su objetivo es su propagación.

Desatino que la comisión impúdicamente aceptó (pag 319). No concibe el altruismo que implica desprenderse de parte del patrimonio y rentas para destinarlos a actividades no lucrativas. La periodista ignora que en Chile existen 120.000 instituciones sin fines de lucro que recaudan recursos privados por cerca de US$2.000 millones anuales y ocupan cerca de 300.000 personas como lo acredita un estudio de la Fundación Minera Escondida. ¿Será negocio ideológico o avidez monetaria el objetivo de La Sociedad de Instrucción Primaria, la Fundación Belén Educa, Nocedal, la Universidad Austral, Católica, Adolfo Ibañez y decenas de otras?

Para lucrar se requiere de altos aranceles. Sin embargo se evitó incluir en el temario la eficiencia operacional de las universidades, porque aparecerían varias estatales con excesiva burocracia. Por ejemplo, en la Universidad de Chile por cada alumno hay 5 administrativos. En muchas el promedio es de 16 alumnos por cada administrativo y su costo por alumno es un tercio de las más caras.