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28/07/2010

Indulto Presidencial


 
  Luis A. Riveros, académico U. de Chile
 
 
 

Los indultos son tan antiguos como el sistema de justicia que impone la organización social y los castigos a los que se hacen acreedores quienes transgreden las normas. Siempre se postulan como una forma de celebrar una ocasión, constituyendo un perdón por gracia, una muestra de generosidad y humanismo, un acto puramente compasivo.  La cuestión es si acaso es justo o injusto que exista un perdón basado en criterios que no sean los estrictamente judiciales. No cabe duda que quien está en prisión cumpliendo una pena impuesta por delitos comprobados, es alguien que sufre y lleva una vida precaria.  Pero es, en definitiva, la pena impuesta por una sociedad que se ha dado reglas, estableciendo penas ante su transgresión;  de no cumplirse éstas, disminuye lo aleccionador de la sentencia.  Cosa distinta es que se considere “injusta” la pena, inadecuado el sistema de imposición de justicia o nefasto el sistema carcelario.  Un indulto como el que se solicita en nuestro país no plantea estas situaciones, y postula solamente la clemencia que se requiere de la autoridad, aun sin ser una situación que se pretenda extender indiscriminadamente.

El problema es que la solicitud de indulto se ha transformado en un tema político, mas allá de lo que corresponde estrictamente a una petición de compasión. Lo malo es que los indultos han perdido aceptación pública a lo largo del tiempo, puesto que no atienden una similar compasión por las víctimas y, lo que es más, por nuevas víctimas potenciales de liberar a quien no ha sido “sanado” por el sistema carcelario. Lo adecuado es que un indulto se base en dos conceptos básicos que permitan respaldar su viabilidad.  Primero, que no sea un beneficio genérico, basado en criterios generales, sino uno en que se considere caso a caso situaciones relevantes que sean dignas de aplicar compasión.  Segundo, que no se otorgue a quienes sean responsables de hechos de sangre, participación en violaciones de los derechos humanos, tráfico de drogas, pedofilia y otros crímenes graves de alto impacto social.