El decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la U. Católica de Chile señala que el citado fenómeno contraviene el propósito de potenciar el crecimiento de mediano plazo.
—¿Suscribe el mejor panorama económico que presentó el Banco Central a través del Informe de Política Monetaria (IPoM)? —Tiendo a coincidir con los diagnósticos y proyecciones. Ahora bien, merece una mirada especial lo que se espera para la cuenta corriente.
—¿Le preocupa el déficit de 3,4% del PIB que se anticipa? —Desde una perspectiva menos favorable a nivel de términos de intercambio, o próximo a lo que uno podría suponer que es de tendencia, se prenden luces amarillas. En los últimos trimestres, demanda interna ha escalado por arriba del crecimiento del Producto. Hoy, tenemos un déficit no tan elevado pero que podría generar problemas, y eso debiera llamar la atención no sólo de la autoridad monetaria, sino que también de la económica.
—De hecho, el Central dejó entrever su inquietud respecto a las consecuencias inflacionarias de un eventual exceso en el gasto público… —Transmitió de manera muy clara en el IPoM que es indispensable atender lo que está sucediendo con la demanda, y la política fiscal también debe estar muy vigilante respecto a ese fenómeno. El incremento en el IPC ligado a un desembolso que escala por encima del PIB plantea un desafío no menor. Ese escenario requiere de un tipo de cambio real más bajo, y si esto no se materializa habrá fuertes presiones desde los precios relativos de los no transables, lo que se sumaría a los shocks de costos.
—¿Qué tan marcada será la desaceleración del consumo? —Está incorporado en el supuesto de trabajo un crecimiento económico inferior durante el segundo semestre y, en relación al consumo, si lo que queremos es potenciar la expansión de mediano plazo, tasa de ahorro es insuficiente, y eso se vincula de manera cercana a la discusión de la reforma tributaria: su alcance sobre este tema es esencial.
Reforma tributaria
—¿Qué opina respecto al ascenso a 20% que se aplicará en el impuesto a las empresas? —Antes de discutir un incremento impositivo es necesario un análisis más global sobre su finalidad y la existencia o no de espacio para ganancias de eficiencia en el gasto fiscal, el que –de hecho– ha crecido muy fuerte durante la última década.
—¿No se ha hecho ese debate? —Pareciera que en el mundo político se ha llegado a la percepción de que la preocupación por los problemas sociales pasa por subir tributos, lo que no comparto. La preocupación por los problemas sociales pasa por buscar los instrumentos adecuados para resolverlos. Señalar que se tiene que subir este gravamen o bajar este otro, es una mirada muy parcial.
—Hay quienes advierten que esta reforma podría afectar el empleo y la inversión… —Sería injusto sentenciarlo porque no conocemos el detalle de la propuesta. Ahora, si nos embarcamos en la idea de que este país requiere más impuestos sin una evaluación detenida de su uso, definitivamente existe ese riesgo.
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