El académico del Departamento de Gestión Pública de la Fundación Getulio Vargas, señala a ESTRATEGIA que la democracia de su país ha alcanzado un grado de consolidación institucional de tal magnitud, que no depende de un liderazgo para seguir avanzando.
—El 7% de crecimiento que se ha estimado para la economía de Brasil, ¿es sostenible en el mediano y largo plazo? ¿Qué limitantes hay en esta ruta? —Inicialmente, se puede decir que este crecimiento más alto en la última fase demuestra, en buena medida, la fuerte recuperación de la economía brasileña en miras al descenso sufrido a raíz de la crisis financiera mundial desde el último trimestre de 2008. Sin embargo, hay un cambio en el perfil del ingreso brasileño, con la participación en él de un gran contingente de la población en la clase media-baja, y esto ha impulsado el mercado. Este nuevo nivel de la distribución del ingreso parece haber llegado para quedarse y, por lo tanto, es muy probable que el impulso de la demanda agregada interna en los próximos años siga siendo fuerte. El punto que sigue siendo una importante duda es si la inversión del sector público aumentará. Esta continúa siendo baja para Brasil, difícilmente sobrepasando el 20% del PIB, lo que representa una importante limitación para el crecimiento sostenible en el largo plazo.
—De todos modos, en los anhelos de desarrollo del país se interpone su mala distribución del ingreso. ¿Cómo se ha avanzado en esta materia y qué está pendiente?
—Como decía, se ha producido un cambio –para bien– en el perfil de la distribución del ingreso en Brasil. Marcelo Neri, de la Fundación Getulio Vargas de Río de Janeiro, quizás el mayor experto brasileño sobre el tema, calcula una reducción de aproximadamente el 43% en la desigualdad desde 2003. Ahora, alcanzar el nivel de los países desarrollados en algunos años, creo por ahora es prematuro calcular eso. Esto también dependerá de un considerable aumento en el ingreso per cápita, que en Brasil es muy bajo (US$9.886 según una proyección para 2010 del FMI), lo que está sujeto fundamentalmente a una mayor eficiencia del sector público y del privado, en conjunto con una mejora sustancial de nuestra educación básica y secundaria, que son pésimas.
—¿Cómo impactará el “efecto mundial 2014” en la economía del país?
—Creo que tal vez el mejor efecto del mundial sobre Brasil es que nos obligará a cambiar la forma de hacer ciertas cosas. Me refiero, en particular, a la cuestión de la transparencia en el gasto público, el cumplimiento de los gastos planeados y la capacidad de hacer las cosas a tiempo. Tanto la Copa del Mundo como los Juegos Olímpicos de 2016 tienden a forzar un cambio en los procedimientos, ya que constituyen grandes desafíos que deben ser afrontados por los brasileños en términos de organización. Creo que esto sirve, principalmente, contra aquéllos que piensan que primero debemos cambiar nuestra conducta para después asumir compromisos de este tipo. La verdad, me parece que el desafío de este compromiso nos llevará a promover mejoras significativas (ver impacto económico para detalles).
—¿Qué se espera después del término del mandato de "Lula", seguirá Brasil la senda de éxitos que ha mostrado, o el liderazgo de este personaje es determinante e irreemplazable?
—La democracia brasileña ha alcanzado un grado de consolidación institucional de tal magnitud que no depende de un liderazgo extraordinario. Por supuesto, un líder carismático y políticamente hábil como Lula hace una diferencia, pero esto no significa que el país no puede funcionar sin él. Lo más probable es que después de Lula, Brasil siga promoviendo la consolidación de una serie de instituciones estatales, políticas públicas y prácticas políticas que se iniciaron antes que Lula, con el proceso de transición democrática, y que adquirieron un gran impulso durante el mandato de Fernando Henrique Cardoso y, posteriormente, consolidado durante los años de Lula. Todavía hay mucho por mejorar, especialmente en lo que respecta a la lucha contra la corrupción. Pero creo que Brasil ha estado tomando un progreso gradual en este sentido desde finales de los años 80. Es un proceso lento, pero constante, que se ha acelerado desde 1994, a pesar de uno que otro accidente. Pero, en definitiva, no creo que hoy haya espacio para retrocesos institucionales en relación con el grado de consolidación democrática y republicana que hemos alcanzado.
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