En 2011, Chile podría volver a liderar el crecimiento en Latinoamérica, después de quince años. Esto, representa el primer paso para derrotar la pobreza, porque el alto crecimiento económico y la generación de puestos de trabajo están vinculados.
Después de quince años, y con un terremoto a cuestas, Chile podría volver a liderar la expansión económica en América Latina. Según la Cepal, nuestro país crecería 6% en 2011, superando largamente el desempeño que se espera para la región (3,9%) en ese ejercicio. Para este año, en tanto, las proyecciones indican un avance de 4,3%, situándose por debajo del concierto latinoamericano (5,2%), a causa del grave sismo.
Si bien en ambos casos se trata de buenas cifras, considerando el mediocre comportamiento de nuestra economía entre 1998 y 2009, el organismo internacional mantiene un sesgo excesivamente conservador al proyectar el dinamismo de Chile.
Y es que las condiciones domésticas están dadas para registrar este año una variación del Producto de 5% o más, mientras que en 2011 ya se menciona la posibilidad de crecer al 7%. Así lo indican las proyecciones del sector privado y lo ratificó recientemente el economista y ex presidente del Banco Central, Vittorio Corbo.
Volver a figurar como la nación líder de la región, más allá del buen cartel, representa el primer paso para derrotar la pobreza. Porque el alto crecimiento económico y la generación de puestos de trabajo están estrechamente vinculados. No es un gran descubrimiento que el empleo es el principal estabilizador de los ingresos de las familias, más si se trata de una economía de ingresos relativamente bajos, que no está en condiciones de financiar un oneroso esquema asistencialista. Al revés, lo inexplicable es que durante una década se soportaron graves falencias en el mercado laboral, que impidieron la proliferación de empleos mientras las autoridades económicas toleraron esa situación, en lugar de combatirla.
Adicionalmente, ubicarse a la cabeza del crecimiento en Latinoamérica actúa como un imán para los capitales foráneos. De hecho, la Cámara de Comercio de Santiago proyecta un flujo de Inversión Extranjera Directa (IED) hacia nuestro país de hasta US$20.000 millones, lo que representaría un récord en 2010. Y no es trivial que en el primer trimestre Chile haya captado un monto de IED superior al de Brasil.
Son, precisamente, estos datos los que comienzan a modelar un camino de mayor expansión económica hacia el futuro.
RIESGO INFLACIONARIO
Ante este gran impulso de la actividad, la autoridad monetaria resolvió acertadamente en su reunión de julio continuar elevando la tasa de interés en medio punto, dejándola en 1,5%.
Este movimiento deberá repetirlo en los próximos meses hasta llegar a un nivel neutral, en torno a 6%, en la primera mitad del año entrante. Ello, porque el riesgo de un sobrecalentamiento de la economía es más real que paranoico, a lo que se agrega un deterioro de los índices inflacionarios por presiones puntuales. Esto llevará al IPC a ubicarse en la parte superior del rango meta hacia el término del actual ejercicio.
En ese sentido, la ola de frío que por estos días está afectando la producción de frutas y hortalizas, además del aumento de las tarifas eléctricas, probablemente se reflejará este mes en una mayor inflación, la que podría fluctuar entre 0,6% y 0,8%. A los factores internos podría sumarse también el alza que a nivel internacional están teniendo los granos.
De cualquier forma, estos son elementos básicamente volátiles que no provienen por el lado de la demanda, que es el foco que más preocupa y hace reaccionar al Banco Central. Esto permite descartar, por ahora, una aceleración del proceso de normalización monetaria, aunque se trata de un frente que no se puede descuidar, especialmente en este período en que se constató un aumento de la pobreza en Chile. Porque una adecuada política social, entre otros aspectos, es aquélla que vela para que el alza de precios no carcoma los escuálidos ingresos de la población más modesta.
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